Homenaje in memoriam 2022 | Semblanza del padre Jaime

Soneto de Carmen Martínez Falla dedicado al padre Jaime

Homenaje in memoriam

Semblanza sobre el P. Jaime Pons Vallés, CM

Homenaje in memoriam Antiguo salón de actos del Colegio Nª Sª de Begoña Puerto de Sagunto Martes,

8 de Noviembre de 2022. 18h.

Vicent López i Borràs

Dice nuestro refranero que es de buen nacido ser agradecido, así que comenzaré dándoles las gracias a todos vds. por su asistencia y por la acogida que ha tenido este acto. Como no puede ser de otra manera, mi eterna gratitud a todos aquellos que han colaborado contándome su testimonio, cediendo fotografías, etc. En especial a la familia de nuestro protagonista, al P. Pedro José Gómez, CM, a Mn. Joan Roig i Montserrat, y a infinitud de nombres que me van a perdonar no nombrar a cada uno. Sí quisiera excepcionalmente agradecer públicamente y excusar la ausencia entre nosotros del nonagenario convecino nuestro D. José Mª Piró, quien ha sido un gran colaborador con la causa, y con sincero dolor me ha comunicado que se ha visto impedido de poder acompañarnos por razones de salud.

Un agradecimiento también a Sergio Muniesa, quien ha tenido a bien aceptar la invitación a moderar el acto y quien recogió nuestro deseo canalizándolo a través de una moción presentada al Pleno Municipal; a todos cuentos hicieron posible su aprobación y en concreto a Alcaldía y al Departamento de Cultura que se han brindado a ofrecer sus servicios para con esta empresa. Dario, Asun, moltes gràcies, a vosaltres i al vostre equip.

Este proyecto no es de una persona sola, ni de una entidad, así que mi público agradecimiento a todas las entidades que han colaborado y a aquellas que lo harán en los eventos venideros.

Por último, antes de entrar en la materia que nos concierne, quisiera hacer una mención especial al lugar en el que nos encontramos, esto es, al Teatro de Begoña, antiguo salón de actos del Colegio Nª Sª de Begoña, institución a la que en antaño perteneció nuestro protagonista y a la que le debo estar infinitamente agradecido, al igual que muchos de los presentes, pues ella, y en concreto su equipo docente, nos inició en el devenir académico y personal integrándonos en la historia de un pueblo, de un país y del mundo, siendo la puerta de nuestra trayectoria e historia como personas en la sociedad. Moltes gràcies, mestres i ara també amics per ensenyar-me a parlar i escriure amb correcció, per sembrar els fonaments del meu futur. Ojalá, en un futuro próximo se consoliden los vínculos entre begoñeros, alumnos y maestros, y seamos un referente en nuestra localidad, como lo es nuestro septuagenario Colegio ofreciendo la trayectoria que avala a esta institución, el Colegio Nª Sª de Begoña, en nuestra localidad.

Consciente de que no soy el más indicado para trazar una semblanza o perfil biográfico sobre el P. Jaime a quienes tuvieron la dicha de conocerle personalmente y vivir en primera persona las hazañas de este peculiar sacerdote, me atrevo, no obstante, a dirigirme a vds. para compartir aquello que he podido aprender sobre él, aunque algunos detalles ya los conocen. Vds. son quienes deberían estar en este lugar transmitiéndonos sus vivencias con nuestro protagonista, y no yo, un joven que, aunque natural de este lugar, de raíces familiares foráneas, por lo que ni yo ni mi familia conocimos personalmente al P. Jaime.

Aquello que quisiera compartir con vds. no es un mero trabajo hagiográfico, sino mucho más, un humilde homenaje a un hombre bueno y a la vez, tratar que este pueblo por el que él entregó su vida, no sólo no le olvide, sino aprenda y preserve la 2enseñanza que dejó. Satisfecho quedaría si quienes tienen la edad necesaria reviven los recuerdos de su rostro, voz y su obra, y además, si transmitimos su legado y los jóvenes le conocen y valoran la obra de este venerable sacerdote pául.

Aunque no pretendo realizar una catequesis, me permitirán que afirme la existencia de los milagros, y que todo cuanto acontece viene dispuesto por aquel primer motor inmóvil del que nos habla Aristóteles ya en el S. IV a. C., pues no se entiende la entrega radical que vivió el P. Jaime si no es por una atracción interna por ese Logos, el Sumo Bien al que ya estudiaba la filosofía en la Edad Antigua, así como tampoco se entiende el misterio en que yo, de la nada, me apasione por conocer a un hombre, a un sacerdote que lo dio todo para que nadie quedase excluido en la sociedad y fuera reconocido como una persona en la plenitud de la palabra, que falleció 23 años antes de que yo naciera, y que emprenda este apasionante y a la vez arduo proyecto de dar a conocer su vida, obras y la relevancia local de su persona, lo que hizo que con tan solo 16 años emprendiera el trabajo de contacto con la familia y fuera a Mallorca a conocerles y entrevistarles, a tan temprana edad.

Podríamos definir al P. Jaime como una paradoja en sí mismo, sí, dos realidades a la vez opuestas: pues es infinitamente recordado con cariño y a la vez es un gran desconocido. Por una parte, tema de conversación en los mayores; tan querido y recordado por quienes le conocieron personalmente y en menor medida por quienes lo hemos hecho “de oídas”, pero a la vez, gran desconocido para la juventud de nuestra sociedad local, incluso para algunos entrados ya en edad que residen en este lugar con posterioridad a la década de los años 70 del siglo pasado. Del mismo modo, puede parecer, a priori, un sacerdote heterodoxo en cuanto a la praxis de su ministerio, y a la vez era la más pulcra ortodoxia personificada en cuanto la doctrina y 3moral, un sacerdote escrupulosamente fiel al Magisterio de la Iglesia.

A las tres de la madrugada de la noche del 7 al 8 de noviembre nació en Binissalem (Mallorca) Jaume Pons i Vallès, popularmente conocido como P. Jaime. Todas las fuentes coinciden en el mes, día y hora, pero en cuanto al año, hay disparidad en diferentes documentos. Son cuatro los años en los que se fecha el nacimiento de nuestro protagonista: 1909, 1913, 1914 y 1917. Tomamos como cierto 1913, pues es el año que figura en la partida de nacimiento. Además, su sobrina Catalina Sastre Pons, in pace, que falleció en marzo del año pasado a los casi 97 años, nacida en octubre de 1924, decía ser 10 años menor que él, y, de haber nacido el P. Jaime en 1913, en octubre del 24 todavía no había cumplido los once años, y de haberlo hecho en 1914, todavía tendría nueve cuando nació su tío. También curiosamente hemos podido comprobar que aunque el sacerdote inscribiese su nacimiento y bautismo como 1909, las partidas anterior y posterior están fechadas en 1913. Por ello, nos atrevemos a afirmar que nació el 8 de noviembre de 1913, cumpliéndose, en el día de hoy, 109 años de tal dichoso nacimiento.

Hijo de Pedro José e Isabel. Hermano menor de 4 hijos: Juana, Isabel y Pedro, aunque era conocido afectuosamente como Pep.

A los 10 años manifiesta su deseo de ser sacerdote e ingresa en la Escuela Apostólica. Por motivos de salud vuelve a casa, pero por fin mejora y consigue tras mucha insistencia la autorización para ingresar de nuevo en la Apostólica de Palma, pues parece ser que sus padres no eran muy favorables.

Acabados los estudios de Latín y Humanidades que correspondería a la secundaria y bachillerato actual es destinado a l’Espluga de Francolí (Tarragona), donde el 8 de septiembre 1935 profesa los votos perpetuos.

Sobrevive a la persecución religiosa ya que volvió a Mallorca junto con sus compañeros y se escondieron en una finca en “s’Inglada”. Instaurada la paz es destinado a Bellpuig (Lérida) a continuar los estudios de Sagrada Teología. El 7 de Junio de 1941 es ordenado subdiácono, según consta en nota marginal de su partida de bautismo. Poco más tarde, entre septiembre y diciembre, para poder cumplir con la observatio interstitiorum prevista por el CIC vigente en aquel entonces, sería ordenado diácono. Poco más tarde, el 1º de Marzo fue ordenado sacerdote por el que fuera Obispo de Tortosa, D. Félix Bilbao Ugarriza, y el día de San José, celebró su primera Misa en la parroquia de su pueblo natal.

Su sobrina Catalina recordaba al completo aquel día, y tengo grabada de su propia voz, el 24 de agosto de 2014, sus gratos recuerdos de la fiesta de la primera Misa de su tío: la celebración religiosa a la parroquia abarrotada de feligreses y misioneros, tanto sacerdotes como estudiantes, al predicador, el P. Coll, CM, a quien definía como «un gran orador a quien todo el mundo corría para oírlo», la fiesta que hicieron al convite después de Misa en Can Barsella, etc.

El primer destino que recibe como sacerdote es al Seminario de Bellpuig, donde había cursado la teología. Al año siguiente, 1943, fue destinado, a L’Espluga de Francolí como ecónomo de la comunidad y profesor del Seminario en el que estudió los años de filosofía. Fueron años de mucha necesidad en los que el P. Jaime tuvo la responsabilidad del sustento de la Comunidad y de los estudiantes, tarea que desempeñó con gran dedicación. Entregado a su vocación misionera compaginó sus obligaciones comunitarias con la ayuda a las parroquias vecinas, predicando, confesando, atendiendo a enfermos y a los más desfavorecidos.

Acabado el curso académico 1946-47, fue destinado a Puerto de Sagunto, a la Domus Saguntina de la CM que regentaba la iglesia 5Nª Sª de Begoña desde 1943, donde se encargó del archivo y despacho parroquial, además de la atención de las Trinitarias del Sanatorio y las Claretianas del Colegio Mª. Inmaculada. También fue profesor de la Escuela de Aprendices y del Colegio Nª Sª de Begoña. Su contacto con el mundo juvenil fue constante y muy fecundo. En 1948 compagina sus obligaciones en Puerto de Sagunto haciéndose cargo de la parroquia de San Pedro Apóstol de Canet d’en Berenguer, que ya atendían los PP. Paúles desde 1945, donde inició la rehabilitación del templo parroquial que 10 años después aun guardaba “las huellas de la furia anticlerical”. El propio P. Jaime seguía de cerca las obras, incluso trabajaba en ellas. El testimonio y anécdotas de su ministerio en Canet pude recogerlo de las ya difuntas hermanas Adelina y Concha García García, hace 8 años, cuando entonces ya tenían más de noventa años.

En 1950 fue también nombrado consiliario de las ramas de Acción Católica. El 9 de marzo de 1954 toma posesión como cura ecónomo de la nueva parroquia Nª. Sª. del Carmen.

El 9 de octubre de 1957 bendice las campanas y el día 18 se consagra dicho templo parroquial. En esta parroquia se entregará hasta su último aliento de vida por los más pobres y necesitados. Si en alguna cosa destaca su labor pastoral es el Amor manifestado en la acogida y ayuda a todos sin distinción, más allá de edad, sexo, status social, ideologías políticas y confesiones religiosas.

Rápidamente conoció la situación de la población y se percató de las necesidades de los más pobres y esta fue su mayor dedicación. Él mismo relata, pocos años más tarde, que recién nombrado párroco quiere conocer sus feligreses y empieza por la huerta con sus incipientes barrios donde descubre «mucha pobreza, incluso viven gentes en los antiguos refugios de ametralladoras».

Infinitud de testimonios y anécdotas hay recogidas sobre este peculiar sacerdote, pero aún son más las que tan sólo anidan en el corazón y recuerdo de quienes le conocieron, lo que corre el peligro de desaparecer junto a quien las conoce, como ha pasado con tantos coetáneos del P. Jaime que, por ley de vida, ya forman parte de otra dimensión. Son muchos también los chascarrillos sobre los pícaros que le engañaban, el cine parroquial o su destartalada bicicleta y los más niños…

Ni qué decir tiene el asunto del “milagro social” de la vivienda para tantos necesitados en el barrio que perpetúa su memoria, aunque pocos restos perduran de su obra, pues muchos han aprovechado aquellas casas para construir verdaderos palacios u obtener lucro con la especulación inmobiliaria. Triste realidad que parte de nuestra memoria histórica local no sea preservada de la avaricia del cemento como testimonio vivo de solidaridad, sencillez, bondad, en definitiva, valores que deberíamos potenciar de veras.

El mismo P. Jaime fue quien adquirió los terrenos en los que se construirían las casas y él mismo mismo trabajó en la construcción de dichas viviendas para entregárselas a sus futuros propietarios en tiempo récord, por la orden del Capitán General de Valencia quien ordena al Comandante de Marina que inmediatamente sean desocupados los refugios.

La masa de obreros, venidos de todas partes, configuraba una realidad social compleja, también para la Iglesia. Ese mismo año se anunció una ampliación de la Fábrica de Altos Hornos, lo cual significó un aumento de población. El P. Jaime reconoció verse ante una nueva y apremiante responsabilidad en tiempos muy difíciles. Sin duda alguna, se entregó en cuerpo y alma a su misión tomando consciencia de que la realidad dura pedía de él una auténtica postura cristiana y un compromiso sacerdotal inequívocos. Así fue, por ello la gente que le recuerda, sólo tiene buenas palabras para calificarle, haciendo especial hincapié en su bondad y su predilección por los más pobres.

En fecha del 23 de febrero de 1969, se erigen dos nuevas parroquias desmembradas de la Nª Sª del Carmen, la de San Jaime Apóstol y la de Jesús Obrero, siendo promotor de las mismas el P. Jaime, dada la situación de crecimiento del Puerto y la amplia población flotante, especialmente en verano.

Su celo por las vocaciones y preocupación por la formación y educación de los niños se plasma en la fundación de una academia y un pre-seminario en lo que hoy es el complejo residencial P. Jaime, que corrió la misma suerte que las casas por él construidas: la especulación inmobiliaria, lo que dificulta visualizar la obra de nuestro protagonista en esas nuevas edificaciones.

Aunque preocupado por las masas obreras como buen consiliario de las Juventudes Obreras de Acción Católica, su preocupación por los obreros no respondía a inquietudes ideológicas, sino a un profundo convencimiento de su dignidad como personas, hijos de Dios y hermanos suyos, y un claro deseo de llevarles a Cristo.

Los testimonios dan fe que su compromiso personal llegaba al extremo de personarse en las comisarías en tiempo de huelgas y revueltas obreras para lograr la liberación de los detenidos. Viéndose incluso en alguna ocasión amenazado de ser él detenido, pues no escatimaba esfuerzos ni insistencias para alcanzar su objetivo libertador.

El P. Jaime se constituyó en una persona imprescindible. Era un padre, un amigo, un consejero, una esperanza, un aliento de paz y un modelo de persona que atraía el cariño y respeto de todos, sin ninguna distinción. Tan es así que de su compromiso cristiano real con la sociedad, hablan testimonios muy claros, incluso de no creyentes.

Podemos definirle como «caridad sin límites» por lo que todo el mundo le apreciaba y respetaba aceptando siempre todo y cuanto dispusiera, pues todo lo que hacía este peculiar sacerdote estaba bien. «Todo quedaba enmarcado en su compasión y generosidad rayana en la ingenuidad», se lee en su necrológica del Boletín Informativo de la Provincia de Barcelona de la CM (vide nº 18, pág. 4. Marzo 1974-Enero 1975).

Falleció en olor de santidad el 19 de Agosto de 1974 a causa de un coma-diabético. Su sepelio, y la manifestación de duelo y cariño que se le profesó, pasó a los anales de la historia más reciente de esta ciudad, no volviéndose a ver acto similar. Toda la ciudadanía, de toda profesión religiosa, status social e ideología política se hizo presente en su entierro, impidiendo, además, que fuera llevado al cementerio en coche fúnebre siendo portado a hombros como máxima señal de respeto y admiración. Aún hoy, más de 48 años después de su defunción, no faltan flores ni monedas de promesas en su tumba.

El P. Jaime fue “un hombre de Dios, un verdadero hijo de San Vicente” siendo su ministerio “eminentemente sacerdotal”, así le definió el Vicario General de la Archidiócesis en su funeral. A través de la caridad pastoral sin límites y la atención a los más pobres y necesitados manifestaba el mismo amor de Dios y la misma caridad de Cristo hacia los últimos, hacia los más necesitados. Como ciudadanos del S. XXI y más aún como cristianos debemos observar con atención este ejemplo de vida para todos e imitarlo. El motivo de la caridad pastoral del querido párroco de los pobres fue saber encontrar en los más pobres, en todos aquellos desheredados de la tierra, todos los marginados de la sociedad opulenta, el mismo rostro de Cristo.

Este año, además, del 80 aniversario de su ordenación sacerdotal y primera Misa se han cumplido 75 años de su llegada a este pueblo, a la parroquia Nª Sª de Begoña y con motivo de tal efemérides se ha preparado este homenaje con la inestimable colaboración de asociaciones locales y del Ayuntamiento que recientemente el Pleno Municipal acordó organizar, promover y apoyar actividades divulgativas encaminadas a reconocer la labor social que el Padre Jaime, así como apoyar y colaborar en la celebración de una semana cultural y todas aquellas acciones orientadas a reconocer la labor social del P. Jaime, enaltecer su figura transmitiendo los valores de sus enseñanzas y dar a conocer su biografía. Hay que recordar que ya en 2006 se acordó por el Ayuntamiento en Pleno apoyar todas las actividades divulgativas encaminadas a reconocer la labor social que el Padre Jaime llevó a cabo en nuestra ciudad, además de alzar un busto en su memoria (instalado en 2011 en la entrada de la parroquia Nª. Sª. del Carmen) y colaborar en todo lo necesario para su proceso de beatificación. En 2002 se entregó a la familia una placa en agradecimiento a su labor con motivo del centenario del Puerto de Sagunto. Años antes, a los pocos días de su defunción, acordó por unanimidad la Comisión Municipal Permanente dedicarle una calle.

En cuanto a su proceso de beatificación, deberíamos lograr una mejor y mayor decidida colaboración de los conciudadanos y las instituciones, ya que sería una maravillosa oportunidad para no perder la semilla que el Padre Jaime dejó entre nosotros. La exaltación de la persona del Padre Jaime será un aliciente, lleno de altísimos valores humanos y de lecciones para el futuro.

Después de 48 años, la memoria del P. Jaime sigue viva, pero necesitada de un mayor reconocimiento, pues no se le ha dado 10la relevancia que se merece, tal vez, porque reconocerlo y reconocerle compromete y no puede dejarnos indiferentes.

Por último, quisiera aprovechar, de nuevo, esta ocasión para pedir la colaboración vecinal con fotografías y documentos para la exposición en recuerdo y homenaje al P. Jaime que tendrá lugar el año que viene, así como para transmitir cualquier dato o testimonio referente al querido P. Jaime.

La esperanza de poder venerar públicamente un día en los altares a este sacerdote que sin duda encierra virtudes heroicas y de santidad, a quien tanto le debemos en esta ciudad, quisiera contagiarla a todos y que fuera el resueno final de mis palabras.

Como una nota que teje una composición musical, así la figura del P. Jaime será un movimiento de vida y esperanza que nos puede aglutinar a todos apoyados en los valores que él nos dejó como herencia en la construcción de una sociedad más humana más solidaria, más justa y responsable.

P. Jaime: muchas gracias por su testimonio y ayúdenos a vivir poniendo en práctica sus enseñanzas.

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