"Llegó a emplear su dinero personal en construir casas, que luego constituirían el conocido “barrio del Padre Jaime”, mientras él llevaba una sotana vieja y rota. "

Testimonio de Padre Jaime Fernando Cos-Gayón

Responsable de relaciones públicas de Altos Hornos, vecino del barrio de Begoña.

Llegó a emplear su dinero personal en construir casas, que luego constituirían el conocido “barrio del Padre Jaime”, mientras él llevaba una sotana vieja y rota.

En la tarde del pasado 28 de diciembre tuvo lugar un emocionante acto. A las 16:30 h. el alcalde de Sagunto, Alfredo Castelló, descubrió el busto de una gran persona, muy querida por todas las clases sociales de nuestra población: el padre Jaime Pons Vallés, un sacerdote que prácticamente  desde su llegada a El Puerto en el año 1947 se hizo cargo de la capilla de la Virgen del Carmen.

Aunque al principio la citada capilla, situada en la calle del Mar, estuvo dedicada al Santo Cristo, pero con el tiempo la devoción popular a la Virgen del Carmen, máxime en una barriada cercana a la playa, con gran cantidad de pescadores, forzaron a que se comprase una imagen de la citada Virgen y pasó a conocerse como capilla de la Virgen del Carmen.

El alcalde en el acto inaugural, destacó la labor del sacerdote homenajeado, porque ayudó a muchas personas a que no pasaran hambre y a tener un techo. “Es justo que inauguremos –dijo-este busto en memoria de este personaje que hizo mucho  bien por este pueblo y sobre todo por los que menos tenían”. Y concluyó destacando que se ha elegido la entrada al teatro Begoña y a la iglesia del Carmen, por ser un lugar entrañable para el padre Jaime.

Personalmente recuerdo perfectamente cuando en mi niñez, por primera vez se anunció que con motivo de las fiestas de la Virgen del Carmen se iba a sacar en procesión la imagen de la Virgen, saliendo desde su capilla y paseándola por el mar para que bendijese las aguas. Fue un acto muy emotivo seguido por cerca de tres mil personas, según narra en unas memorias el que fuera primer párroco de la entonces iglesia matriz de Ntra. Sra. de Begoña, Rvdo. P Angel Salvadó, que ejercía de superior de los padres Paules. Esta procesión se hizo costumbre, dándose la curiosidad de que en muchas familias no se acostumbraba a permitir a los hijos que tomasen el baño hasta después del 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen, para esperar que estuviesen bendecidas las aguas. Posteriormente el padre Jaime pudo conseguir que se crease la Cofradía de la Virgen del Carmen, que aún perdura en nuestros días y que tanto bien ha hecho en la barriada obrera de la playa, gracias a la semilla que dejó el padre Jaime.

De este gran sacerdote recuerdo, sobre todo, su bondad y amor a todo el mundo, especialmente a los más necesitados. En mi época de chaval de 13 ó 14 años, recuerdo cuando solíamos cogerle la bicicleta, que dejaba sin candado ni sujeción alguna en el hall de entrada a la Sacristía de la Iglesia de Ntra. Sra. de Begoña (muy destartalada, pero entonces para nosotros magnífica) y dábamos vueltas por la alameda. A veces cuando la devolvíamos estaba el padre Jaime esperando porque tenía de ir a su capilla y nunca se enfadaba con nosotros, a lo sumo con su gran vozarrón nos decía que teníamos que tener cuidado de no caernos.

Por su gran amor a los pobres, podemos afirmar rotundamente que dedicó su vida a ayudar a los más necesitados, a quienes no contaban con un techo, comida o ropa. Siempre estaba dispuesto a dar alguna ayuda económica. En algunas ocasiones incluso sabiendo que le mentían, pues le pedían para poder cenar esa noche y luego, cuando regresaba de la parroquia a su casa en comunidad de Paules les veía en la cola del cine Begoña. Sin embargo nunca tuvo un mal gesto, sino que cuando se le reprochaba por dejarse engañar decía que también los pobres tenían derecho a distraerse un rato, olvidándose de su penuria.

Como los más antiguos saben, el Padre Jaime llegó a emplear su dinero personal en construir casas, que luego constituirían el conocido “barrio del Padre Jaime”, mientras él llevaba una sótana vieja y rota.  Por eso los que le conocieron dicen que obró el mejor de los milagros, el “milagro social”. Su ejemplo de solidaridad abarcó incluso la ayuda a los sindicalistas arrestados durante los años sesenta. No es, pues, de extrañar que su fallecimiento en 1974 fuese motivo de una gran conmoción en El Puerto. Tanto es así que su entierro se convirtió en una de las mayores manifestaciones sociales que se recuerdan Por eso, por esta actitud de amor y solidaridad plena, hace años que se iniciaron trámites para un proceso de beatificación, que creo está todavía en la etapa preliminar de recogida de datos, testimonios, etc.

Bienvenido pues este busto que perpetuará para la posteridad la obra social y humana de este ejemplar sacerdote.

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