Personajes notables | El Rvdo. Padre D. Jaime Pons

Vicente Sanjosé Huguet.

Ya sé que se ha escrito mucho últimamente sobre este PERSONAJE, con mayúsculas, que hemos tenido la suerte y el honor de tener en nuestra Ciudad, pero no me resisto a glosar su figura humana y sacerdotal, con la única autoridad (si es que la hay) de haber estado con él, durante unos años, como Organista de la Parroquia del Carmen, desde que se inauguró la actual Iglesia. Y en una época en que en esta parroquia todos los días había algún acto: Misas dominicales y Festivas, Novenas, Devociones varias a lo largo de los meses del año, Funerales casi todos los días, etc. Y el P. Jaime quería solemnizarlo con la Música y el Canto.

Los que le conocisteis estaréis pensando que esto no cuadra con lo desafinado que era cantando. Él mismo me contó que cuando el Sr. Arzobispo le comunicó que había pensado en él para nombrarle Párroco de Nª Sra. del Carmen, le dijo más o menos lo siguiente:”Pero Sr. Arzobispo, si yo canto muy mal y las celebraciones van a ser un desastre” A lo que el Sr. Arzobispo le contestó: “Pues, precisamente por eso. Así se obligará a cantar y poco a poco mejorará. Ya lo verá”. En la primera parte, el Sr. Arzobispo acertó, porque el P. Jaime cantaba mucho, pero en lo de mejorar… Llegó un momento en que yo no daba ya los tonos de entrada porque él no los podía coger. Incluso en muchas ocasiones tenía que cambiar el acompañamiento sobre la marcha porque cantando cantando, se iba de tono. Y como tenía un vozarrón muy potente, podía más que el armonium. Pero el Sr. Arzobispo sabía a quién escogía, porque aunque exteriormente y para sus cosas sobre todo, pareciera un poco rudo o descuidado, la sensibilidad interior se le desbordaba y se hacía patente en cuanto hablabas con él un poco.

No es necesario que repita aquí lo que es conocido por todos sobre su ayuda al necesitado, incluso con su hacienda (lo poco que podía tener) y también con la herencia recibida de los japoneses como indemnización de unos parientes que tenían negocio de tabaco en Filipinas y que lo invirtió también en la construcción del Barrio de casas para familias necesitadas (del que actualmente sólo queda el nombre de “Barrio del Padre Jaime”). Y lo que no tenía, pues a mendigarlo. Él siempre agradecía la ayuda recibida por los Hombres de Acción Católica, las Damas de la Caridad y otras personas e, incluso, del Sacristán.

Esta predisposición a la caridad llevaba en ocasiones, a que algunos abusaran engañándole para recibir más ayuda. Una vez me atreví a señalárselo y me contestó, al tiempo que sonreía: “Vicente, prefiero pasar por tonto a equivocarme y que a alguien que lo necesite de verdad, lo deje sin ayuda” Y esto sin olvidar su dedicación a la evangelización parroquial, como por ejemplo, sus Homilías, la Misión Popular de 1963, su atención a los Colegios y también su intento de fundar una Escuela Apostólica. Y sin olvidarnos del “Cine del Padre Jaime” en su deseo de proporcionar distracción sana a los niños y jóvenes.

Para todos los que le tuvimos cerca fue siempre un ejemplo de caridad, digno hijo de la Congregación Misionera fundada por San Vicente de Paúl. Y sabiendo cómo era, seguro que desde el Cielo, donde estoy convencido de que está, seguirá protegiendo a su querida Parroquia de Nª Sra, del Carmen y a El Puerto.

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