«Entre Humnos y hierros» de L. Cuadau

El Bautizo Pág. 78 y 79, (80)

Festivos y con desenfadado jolgorio corrían los niños por la calle del mar, tras el cortejo de gente mayor adomingada que se dirigía hacia la Iglesia del Carmen, para hacer cristiano a un pequeño ángel aún “morito” que entre blancos pañales abrazaba la madrina.

Junto a ambos, alto y seco, con la compostura de quien se sabe observado, intentando ser agradable con una eterna sonrisa, iba el padrino.

Tras ellos, en confusión, los invitados; parientes y conocidos.

Y, unas veces aquí u otras allá, y las más entre los brazos de quienes le daba el parabién al cruzarse con la comitiva, el más satisfecho de todos, el padre de la criatura.

El padre Jaime, el párroco, hombre muy santo, los recibió en la puerta. A su diestra tenían un pilluelo de ojos vivos, soportando la sobrepelliz con nerviosos ademanes, que apretaba impaciente en su mano una cajita de plástico de las plumas para escribir, conteniendo la sal, mientras se alejaba de su cuerpo manchado de cera la sotana del cura, el cirio encendido para el padrino.

La niña, pues era una niña la neófita, les observaba desde su lejana inconsciencia, indiferente a los arrumacos que le ofrecía cansadamente su abuela.

…Como si quisiera integrarse en la ceremonia, con ojos suplicantes a pocos metros un desarrapado muchacho extendía su mano abierta, esperando la caridad de una limosna.

En una vulgar jofaina de metal, que a su vez cumplía como pila bautismal y vasija en el lavatorio de manos en la Misa, acompañado de sus rituales rezos fue desgranando el cura desde una simple concha de marisco las gotas de agua que habían de cristianizar a la niña. Ésta, desde su posición invertida, sobresaltada arremetió con la fuerza de sus pulmones contra los oídos de los presentes, en un escandaloso llanto que duró hasta que finalizó la ceremonia. Vaciando por el susto su vejiga…


El Gran Momento, pag. 206 y 208

Se alza erguida la espiga del trigo combatiendo al viento, con las bolsas repletas de sus dorados granos.

…La cepa, rebosante, retiene el ambarino racimo.

Ambas son conscientes del fin que se les ha encomendado.

Cruzan verticales el ancho espacio, aquí… en la Fábrica, los hierros; las chimeneas y los tubos por donde se escapan los gases.

…La suciedad; los cables, como telas de araña. Las vías, con sus carriles de plata.

…Y sobre todos, el obrero; un hombre, con la fatiga del trabajo.

Las plegarias llegan al cielo a través de nuestros humos. Incesantes; convertidos en incienso de sacrificio.

…Suenan las sirenas, cual campanas de bronce.

Se renueva el Gran Momento.

Los ángeles contemplan agradecidos el rezo mudo de los esfuerzos. Pan y vino, Cuerpo y Sangre.

Azules túnicas desgarradas blanquean el alma. Las grasientas manos, purifican… Ojos hollinados y soñolientos, que atraviesan la oscuridad del pecado.

Paz para el cansancio. Sosiego para la intranquilidad. Libertad para el oprimido. Pan para el hambriento…

Los cuerpos sudorosos entonan, en la mezcolanza del altar del entendimiento.

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