Conocimos al P. Jaime desde que vino al Puerto. Con nosotros tenía una relación muy cercana, especialmente con mi marido que, entre otras cosas, hacía de fotógrafo y frecuentaba las iglesias. Por eso había una buena relación con el P. Jaime. Muchas veces venía y nos contaba sus cosas, lo que le había pasado, etc.
Una de las cosas que me quedó a mí muy grabada fue la siguiente: el P. Jaime vino a buscarnos y nos dijo que le acompañáramos disimuladamente esa noche a la cola del entonces Cine Victoria, que hoy es la casa de la cultura. Quería mostrarnos una cosa que le llamaba la atención. Eran tiempos de necesidad pero aún no había colas para ir al cine. Era la única diversión, al no haber televisión ni nada. Nos pusimos en la esquina de enfrente del cine Victoria.
El P. Jaime nos señaló a una persona diciendo que había ido a pedirle para cenar, y resulta que el dinero que le había dado lo estaba empleando en ir al cine. El P. Jaime quería que nosotros hiciéramos de testigos de aquello para que, otra ocasión en que esa persona acudiera a él, poder decirle algo con verdad. Yo reaccioné y le dije al P. Jaime que no le volviera a dar nada y el Padre me contestó que cómo no le iba a dar si venía y le pedía para cenar… que había que ser buenos; pues, aún a sabiendas que le engañaban, le daban pena y él prefería hacer el bien por encima de todo.
El día del entierro fue algo extraordinario, yo nunca he conocido otro igual. Personas que no habían pisado una iglesia fueron al entierro.
El P. Jaime era un hombre maravilloso, un superdotado de cristiandad. Hay que ver todo lo que hizo, el barrio para los que no tienen casa y el darlo todo para los pobres. Era un ser especial. Llevaba un ángel en la cara y lo corroboraba con sus hechos. No creo que haya en el Puerto de Sagunto una persona que no quisiera al P. Jaime.
Doy testimonio de lo que yo he visto. Lo que no digo por simpatía, sus hechos lo juzgaban. Era un ser humano de lo que no he conocido nunca en la vida.
Era tan bueno que cuando hablabas con él te confundía. Me pregunto, ¿cómo puede haber en el mundo gente tan buenas? En sus conversaciones veías la bondad que tenía. Creo que hasta lo malo lo hacía bueno. Desde luego, era un ejemplo para la Iglesia.
Era como si Jesucristo estuviera aquí, en el Puerto de Sagunto, porque cumplía en su manera de ser y en cada paso que daba.
Siento mucho que el Barrio del Padre Jaime se esté deshaciendo por las nuevas construcciones y la especulación urbanística. Creo que debiera de ser un ejemplo para mostrar al mundo entero, y a los que vienen en verano, lo que este hombre fue capaz de hacer. Me da pena porque es un barrio muy simbólico.
Era un fuera de serie que predicaba con el ejemplo. Hasta a los no creyentes los hacía creyentes.
La enfermedad de mi marido le impide hablar y contar mucho más de lo que yo digo, pues era muy amigo del P. Jaime.
Gran parte de los documentos que se muestran en esta Web han sido recopilados entre la familia y vecinos del Padre Jaime. Si tienes algún testimonio, alguna fotografía o documento sobre el Padre Jaime, envíanoslo para que lo publiquemos.