Con ese hombre tuve una relación de profesionalidad. No te puedo dar grandes detalles. Pero sí destacar que era un hombre maravilloso. Bondadoso al mil por uno. Te puedo asegurar que todos los días lo tengo presente en mis oraciones y me encomiendo a él. Y digo, “Señor, concédeme un poco de aquella caridad que le sobraba al P. Jaime”. Era asiduo a su parroquia. El P. Jaime era muy callado y muy sufrido, al menos conmigo. Pero sí sé, al igual que otras personas que su hermana le enviaba dinero para que fuese a Mallorca a visitarles (pues él era de un pueblo cercano a Inca), y antes de comprarse el billete ya había repartido el dinero. Lo daba y ya no podía ir a Mallorca (nos reímos). Al final, la hermana optó por enviarle el billete directamente, así no repartía el dinero y podía viajar y pasar unos días con la familia.
Recuerdo también que en aquellos tiempos era medio impensable poder recoger los centenares de kilos de comida que recogíamos para Navidad en el Colegio, y el P. Jaime, rápidamente los repartía y los daba a todo aquel que le pedía.
Sí recuerdo con cariño y me impresionó muchísimo, el afecto que le mostraron sus alumnos el día de su funeral. Me impactó y siempre lo digo a mis hijos y nietos. No he visto jamás un entierro más popular como el del P. Jaime. El único funeral en el que la policía no pudo conseguir que metieran el féretro en el coche fúnebre y llevaron el féretro a hombros desde la parroquia del Carmen, donde había sido la Misa, hasta el cementerio. Cierto es que en vida, no parecían tan cariñosos, pero ese día quisieron mostrar su afecto y respeto por él llevándolo a hombros. Pero es normal. También pasa en la vida diaria, muchas veces no somos conscientes y no sabemos valorar a las personas hasta que se mueren.
En aquella época, él era el sacerdote encargado de la parroquia y en cierta manera, de la atención espiritual del colegio. Por eso venía, nos orientaba, daba charlas, y gracias a Dios nadie se oponía a que fuera un sacerdote.
Recuerdo también que celebrábamos el mes de Mayo, mes de María, la imposición de la ceniza, etc. y él era el que organizaba todas esas celebraciones, como es normal. Era querido por todos, igual que él quería a todos.
¿Podemos decir que había una relación recíproca? Sí, completamente. Era una relación recíproca entre él y todos. Él y colegio, y colegio y él, formaban una unidad. No había ni el más ápice para que él no entraba en el colegio. Primero, por ser sacerdote, y segundo por ser él mismo, el P. Jaime, tan querido por todos.
Antes que él estavo el P. Eugenio, un misionero muy mayor que contaba anécdotas del Perú, en donde había servido la mayor parte de su vida. Sabía captar la atención a todos. Por el contrario el P. Jaime no tenía facilidad de palabras ni de canto, por ejemplo.
¿Podemos decir que no era un gran erudito ni orador? No, no era gran orador. Era de otra forma completamente distinta. Pero era tan bondadoso, radiaba cierta paz, que también todos le atendíamos.
De su bicicleta hay miles de anécdotas, de cómo los alumnos se la cogían y en alguna ocasión se la rompieron. Sus monaguillos, típico de niños le quitaban también el vino y él decía: Ay, Señor, estos chiquillos Pero se quedaba ahí, todo quedaba enmarcado por su compasión. Tenía muchos monaguillos y yo conocía a todos. Todos coincidíamos en lo mismo. Que era muy buena persona.
Antes de estar construida la iglesia y el teatro, celebraba en una sala muy grande que había en una lateral, que daba a lo que ahora es la Avda. Camp de Morvedre. Nosotros le llamábamos “Siberia”, por el frío que hacía.
Gran parte de los documentos que se muestran en esta Web han sido recopilados entre la familia y vecinos del Padre Jaime. Si tienes algún testimonio, alguna fotografía o documento sobre el Padre Jaime, envíanoslo para que lo publiquemos.