"Tratamos poco, como te digo, sí matizar que era un poco despistado y muy trabajador y que llevaba muchas cosas en la parroquia. Se retrasaba en las comidas. Era muy bueno. En las conversaciones de las comidas, por ejemplo, siempre manifestaba una gran preocupación por los pobres y mucha bondad. "

Testimonio de Mn. Vicente González Martínez

Juez Eclesiástico; feligrés de los PP. Paúles y misionero destinado en Puerto de 1964-67. (2020-10-21)

Vivíamos en el Puerto en una única comunidad en Begoña, las dos “parroquias” Nª Sª del Carmen y Nª Sª de Begoña, mejor dicho, todos los PP.. Pero no tuve un trato profundo con el P. Jaime, ya que él regentaba la parroquia del Carmen y no estaba tanto tiempo en la comunidad.

Tratamos poco, como te digo, sí matizar que era un poco despistado y muy trabajador y que llevaba muchas cosas en la parroquia. Se retrasaba en las comidas. Era muy bueno. En las conversaciones de las comidas, por ejemplo, siempre manifestaba una gran preocupación por los pobres y mucha bondad.

Recuerdo aquella anécdota que se cayó en el río, perdió las gafas y le tuvieron que rescatar. De la vista andaba muy fastidiado por lo que llevaba unas gafas con cristales muy gruesos. Llegó a casa empapado y muy asustado. Parece ser que fue una situación delicada.

Hizo un barrio. Ayudó mucho a la gente. Él mismo ayudó a la construcción de las casas.

Él iba a su aire. Éramos 4, 5 ó 6 padres, y cada uno tenía sus obligaciones. Él se encargaba de la parroquia del Carmen y una temporada también de Canet. A veces no se presentaba a las comidas o cenas.

Recuerdo que cuando estaba en el despacho, alguna vez pasaba y entraba a preguntarme como estaba y darme ánimos. ¿Estás contento? ¿Te gusta esto? ¿Te sientes agusto?

El P. Jaime era muy, muy trabajador y muy preocupado por la gente humilde. Daba muchas limosnas.

El trataba siempre de cumplir en las cosas de la comunidad. Jamás iba en contra de la comunidad, pero entre que era un poco despistados y todos los problemas que llevaba en la cabeza, a veces se retrasaba o se ausentaba. Había veces que la cena era a eso de las ocho y media y llegaba a las diez, porque tenía reuniones y luego de camino le habían parado para hablar un poco… Pero sí, intentaba cumplir. Aunque iba a su aire, no se le podía acusar de que “pasase” de la comunidad. Iba a los rezos.

¿Qué rezos hacían en comunidad? Laudes y completas. Las horas menores eran por libre. Rezábamos laudes, creo que a las 7, y de siete y media a ocho y media, una hora de meditación y oración mental. Luego ya desayunábamos y cada uno a su trabajo. ¿Y vísperas? No, vísperas, las solíamos rezar en privado, como cada uno tenía un trabajo y unos horarios, pues claro, era imposible coincidir todos en una hora concreta todas las tardes. ¿Y concelebraban alguna misa todos juntos? No, como todos éramos sacerdotes y atendíamos a las diferentes capellanías y a las dos parroquias, algunos ya binaban sólo con sus misas encomendadas. Además, en aquella época no recuerdo que se concelebrara…

Una temporada predicó en la Misa Mayor de las 12 los domingos en Begoña. No recuerdo durante cuánto tiempo ni el motivo, se lo debería pedir el Superior.

¿Cómo predicaba? Podemos decir que fuera un gran orador?

Se ponía muy nervioso cuando hablaba en público. Recuerdo que se movía mucho en el púlpito, y no sólo con las manos, sino todo el cuerpo. Excesivamente se meneaba. No era una gran orador, eso sí, lo que decía, todo lo que él predicaba, lo sentía y lo vivía. Se podía contrastar que no llevaba doblez. 

¿Quién era el Superior? El P. Angel Salvadó Mora.

¿En qué años estuvo destinado en el Puerto? Fui en Junio de 1964, nada más acabar de cantar misa y me fui en septiembre-octubre de 1967.

¿Cómo se vivió entonces el Concilio y la reforma conciliar? ¿Alguna postura en especial del P. Jaime?

El cambio conciliar no fue un cambio traumático. El más notorio el celebrar en lengua vernácula y cara al pueblo. No recuerdo si llegué a celebrar cara al pueblo o sólo de “espaldas”. Al P. Jaime sí que no recuerdo nunca ver celebrar cara al pueblo. La pila, en lugar de ir en los bautismos hasta el batisterio allí a la entrada donde estaba, la poníamos en el altar. Se vivió muy bien tanto por parte de la comunidad como por la feligresía. Pero ya te digo, no sé exactamente qué cambios llegué a vivir en el Puerto. Pues el concilio acabó en 1965 y el nuevo misal es de 1969, yo ya no estaba en allí.

 

En cuanto a la atención de los colegios y de las comunidades religiosas, ¿iba el P. Jaime? No. No solía ir él. Es más yo solía dar las clases tanto en la Academia de Enseñanza media, actual tenencia de Alcaldía, en Nª Sª de Begoña y en San Vicente Ferrer. Mi tía era la directora en San Vicente Ferrer. Luego le sustituyó D. Serafín Izquierdo. ¿Y Mª Inmaculada? A Mª Inmaculada también recuerdo ir algún día, pero no de continuo. También hacía algún entierro, etc. Me acuerdo que también iba a celebrar a las religiosas Trinitarias que había en el sanatorio. Diariamente tenía misa a las 7 de la mañana, allí en el sanatorio.

Luego vino otro padre que le ayudó más al P. Jaime, es Juan Roig. Ahora está por la diócesis de Tarragona, creo que en Ullsdemolins.

¿Qué recuerda del fallecimiento del P. Jaime? No recuerdo nada de su fallecimiento. Es más no me enteré de su muerte, hasta tiempo más tarde que alguien me lo dijo, no recuerdo quien. No me enteré por lo tanto hasta después de muerto. Quien me dijo la noticia, le pregunté qué había pasado y me dijo que falleció por diabetes. Que hubo un problema y los médicos le recomendaron tomar azúcar y era diabético y no lo sabían, lo que no relentizó para nada su muerte, más bien todo lo contrario. O algo así no me hagas mucho caso, porque ya te digo que es lo que recuerdo que me contaron. Se encontró mal y al día siguiente se murió. Faltó relativamente joven. No era tan mayor.

¿Y alguna anécdota con él, qué recuerda? Como te digo, la relación no fue muy estrecha, pues él vivía dedicado a sus labores y a los pobres. Pero sí recuerdo que acababa de cantar misa y como él era mayor que yo, ya estaba algo delicado y tenía muchos compromisos y obligaciones, yo iba a distribuir la comunión a los enfermos de la parroquia del P. Jaime. Por aquellos años hicieron nuevas parroquias, primero los Desamparados y más tarde en el Baladre y la de Jesús Obrero que se desmembró del Carmen. Recuerdo también, como te comentaba que se retrasaba con bastante asiduidad a las comidas. Si teníamos la comida a la una y media se presentaba a las dos y media cuando ya íbamos a recoger. Él comía algo muy rápido y se volvía a ir corriendo a otra reunión o a hacer visitas, etc. No disponía de medios, y siempre luchaba por conseguir lo que se proponía, hacer más fácil la vida a los demás. Por la barriada de su parroquia también construyó unas casas, tengo entendido. A veces también se quedaba a dormir en los locales que construyó en el Carmen.

El P. Jaime era reservado y no comentaba nunca los problemas económicos. La impresión que teníamos en la Comunidad es que le engañaban.

¿Cómo lo definiría? Muy buena persona, entregado, caritativo, muy humilde y acogedor. No discutía con nadie. Se desvivía por los pobres pese a que le faltaban los medios.

¿Respecto a su santidad? Sobre su santidad, no sé qué decir. No tengo autoridad para afirmarla ni desmentirla. De la bondad a la santidad hay un paso, y grande, pero cierto es que su vida, su forma de ejercer el ministerio son pruebas de santidad. Era muy entregado, muy humilde, siempre intentaba ayudar a los pobres. Todo esto son gestos de hombre santo.

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